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viernes, 3 de junio de 2011

Luca George Prodan

¿Alguna vez escuchaste Sumo? Pues si no…hazlo! Y si sí….pues ya sabes quién es este señor. Luca antes de formar Sumo estuvo en Córdoba, con Daffunchio y Sokol, tocando en fogones nocturnos entre las sierras, escapando de sus adicciones y sintiendose libre por primera vez en mucho tiempo. En ese momento Luca decidió volver a Londres y vender todo y volver con una portaestudio de 4 canales, una caja de ritmos, un bajo, una viola y yo que se que más. Entre el 81 y el 83, con estos instrumentos y sus amigos grabó una serie de temas que en el 96 y 97 fueron editados oficialmente. Estas dos compilaciones muestran el corazón de esta persona y su calidad y oido musical, su capacidad como letrista, pero principalmente muestran la facilidad que tenía para conmovernos, para generar el clima perfecto y entrarnos en la cabeza.


Editado posmortem, técnicamente representa el paso solista que podía vislumbrarse a fines de 1987, cuando Luca se fue. Se trata una serie de bocetos de futuras canciones de Sumo, un par de registros de aquellas sesiones experimentales y unplugged de Traslasierra y canciones con entidad propia.



Este es un disco póstumo… de temas inéditos que Luca grabó, ayudado por algunos de los Sumo. Un tema de Lou Reed, otro de Bowie y algún ritmillo a modo reggae para cerrar. No tan rockero ya, pero bucólico, poético, sincero y hermoso… como somos todos los perdedores. Disco indescriptible y absolutamente accesible a cualquier oido.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Los Blops !




Surgida con los efervescentes años '60, Blops fue una de las pocas bandas de la época que pudo trascender su inspiración anglosajona para dar paso a creaciones originales y de poderosa identidad propia. El resultado fue un rock inteligente, con una poesía y sonido que se mantienen frescos hasta hoy. Tras su disolución, en 1973, sus tres discos constituyeron un patrimonio perdido hasta que el esfuerzo personal de sus integrantes permitió su reedición en CD, el año 2001.

Fue ése un acto de justicia con un nombre fundamental del rock chileno. Su historia incluye dos fugaces intentos de reagrupamiento, un clásico de la envergadura de "Los momentos" y un impacto que, si bien nunca fue masivo, caló hondo en un sector del público y de la comunidad musical chilena.

La banda surgió en 1968, con una mezcla de estudiantes de los colegios Manuel de Salas y Alianza Francesa. El dato es importante, pues para entonces sólo los sectores más acomodados de Santiago eran los que podían mantenerse al día con las tendencias rockeras que tan fértilmente se estaban desarrollando en Europa y Estados Unidos.

La familia Orrego fue protagonista de la prehistoria del conjunto, con un grupo formado en 1964 entre Juan Pablo Orrego en el bajo; su hermano Andrés en la voz; y dos de sus primos en la segunda guitarra y batería, respectivamente: Felipe Orrego y Pedro Greene. Todos ellos, junto al guitarrista Julio Villalobos, estructuraron un grupo que levantó sus primeros reperortorios con covers de bandas como The Doors, The Who y The Rolling Stones.

En el verano de 1969, el abuelo Orrego les compró a sus nietos un amplificador de precarios 12 watts, y les consiguió un cupo para actuar en una ramada de Isla Negra. Recién entonces adoptaron el nombre del grupo, inspirado en el sonido del golpe de una gota de agua contra el suelo. Ese mismo año se incorporaron Juan Contreras (teclado y flauta traversa) y Sergio Bezard (batería). En el verano de 1970, poco después de la salida de casi toda la familia Orrego (excepto Juan Pablo), llegó Eduardo Gatti, cuyo ingreso dejó sentadas las bases definitivas del quinteto.

A Gatti lo habían conocido el año anterior en un festival de la calle Pocuro, cuando era el guitarrista de los ya desaparecidos Apparition. Recién llegado de un largo viaje a Europa, el guitarrista compartió el liderazgo con Villalobos, y fue clave en la decisión del grupo de comenzar a componer sus propias canciones. “Barroquita”, de Juan Pablo Orrego, fue el primer tema, con el cual la banda comenzó a escribir su propia historia y abandonó el inglés como idioma de su puesta en escena.



Sorprendentemente, fue el sello del Partido Comunista, Dicap, el único que aceptó editarles un disco, pese a las desconfianza ideológicas que despertaba su orientación más bien hippie, su abierta simpatía hacia la marihuana, y su falta de un mayor compromiso con el intenso proceso político de esos años.

Pero allanó las cosas su cercanía con Ángel Parra (quien estaba casado con una tía de Juan Pablo Orrego) y su amistad con Víctor Jara (con quien habían colaborado en su álbum El derecho de vivir en paz). La disquera les cedió algunos días de estudio, durante los cuales grabaron sus primeros nueve temas. Al final de esas sesiones, y casi accidentalmente, decidieron incluir una composición de Eduardo Gatti que apenas conocían: "Los momentos". Cuando apareció Blops (1970) jamás imaginaron que sería precisamente esa canción su gran legado a la música popular chilena.

Al año siguiente, cuando la relación con Dicap ya se había quebrado, el sello Peña de los Parra registró su segundo disco, titulado también con el nombre del grupo pero conocido por el tema "Del volar de las palomas". Eran once canciones en las que se incorporaban algunas percusiones latinas, y en las que comenzaba a expresarse algo así como la filosofía de sus integrantes. Para entonces, parte del grupo vivía a la manera de una comunidad en un antiguo convento de La Reina (La Manchufela, lo llamaban), y participaban de las actividades del Instituto Arica, entidad pionera en Chile en impartir disciplinas orientales, como el tai-chi.


Alineación al centro



La banda se presentó en el Festival de Viña del Mar durante tres noches de 1971, pero fueron inclementemente abucheados por un público que asoció su nombre a la Unidad Popular y que, además, no comprendió sus códigos. Por ello, y tras la grabación del segundo álbum, la banda decidió que ya no haría más letras, que abandonarían los instrumentos acústicos y que de ahí en adelante se llamarían Parafina. Ellos mismos reconocen hoy que fue una reacción "inmadura".

Sin embargo, como Parafina se presentaron, en febrero de 1973, en el concierto "Los Caminos que se Abren", organizado en la Quinta Vergara con bandas como Los Jaivas, Congreso y los peruanos Polen. Cinco meses más tarde, un contacto informal les permitió acceder a catorce de horas de grabación en los estudios de la RCA-Argentina, a donde viajaron a plasmar el experimental sonido de Parafina junto a dos tecladistas. Al grupo se había incorporado para entonces Juan Carlos Villegas en reemplazo de Villalobos.


El disco terminó publicándose bajo su nombre original, Blops, y aunque tuvo un título homónimo suele conocerse por el dibujo de su portada: La locomotora. El álbum fue editado a pocos días del golpe militar con 500 copias, y escribió un epílogo para una banda que no pudo sobrevivir al cierre de espacios que siguió a la llegada de los militares a La Moneda. La quema de sus masters y la persecución de artistas (basta con recordar el asesinato de su amigo Víctor Jara y el exilio de Ángel Parra) los obligaron a retirarse. "No había posibilidades de seguir", confirma hoy Orrego, quien se mudó por unos meses a Isla Negra junto a Eduardo Gatti y Carlos Fernández, el ex baterista del grupo Embrujo. Lo que pensaron sería una larga estadía de trabajo musical terminó truncándose al año siguiente, con la partida de todos ellos al extranjero.




Hasta 1978 nada se supo de los Blops. Fue entonces que Orrego regresó a Chile y contactó a Gatti, a quien le propuso volver a grabar. Junto al percusionista Jaime Labarca registraron entonces un disco-single con una versión acústica para "Los momentos". Fue una idea acertada, pues los Blops se ubicaron entonces en radios como nunca antes, y muchos vinieron recién a saber que los autores de esa melodía eran músicos chilenos. El impulso los llevo incluso a presentarse en Ecuador, México y Canadá.

Sin embargo, Orrego decidió quedarse en este último país para concluír su maestría en Medio Ambiente (es hoy un reconocido ambientalista, gestor del Grupo de Acción por el Bío-Bío y Premio Nóbel Alternativo 1998), sellando así la muerte definitiva de la banda. Gatti inició en 1981 una destacada carrera de cantautor solista.

Los Blops se reencontraron en el año 2001, a propósito de la reedición por parte de BMG de sus tres discos en CD. Algunas actuaciones, un intenso ritmo de ensayos y el anuncio de un disco nuevo animaron la esperanza de algo estable, pero el trabajo no duró más allá de un año. Sin embargo, fue un reencuentro que permitió ubicar su nombre entre una nueva generación de aficionados al rock chileno, permitiendo cerrar así con dignidad la historia de una banda fundamental para comprender el desarrollo del género en nuestro país.






domingo, 20 de septiembre de 2009

Los Jaivas !



Entre los cinco muchachitos engominados y uniformados que amenizaban con música de fondo cualquier fiesta adolescente y los cinco veinteañeros chascones con el sueño latinoamericanista de la vida en comunidad, existe una vorágine sonora sin nombre. Una empresa en la que cualquier financista de derecha jamás hubiera invertido su dinero, porque de seguro el "riesgo país" aumentaría con cada salida de Los Jaivas al escenario. Es el eslabón perdido en la cronología de la banda de rock más importante de nuestra historia y que hoy ha sido recuperado bajo el nombre de La vorágine.

Sus origenes se encuentran en el núcleo familiar conformado por los hermanos Eduardo, Claudio y Gabriel Parra, de Viña del Mar. Junto con sus amigos y compañeros de colegio del Liceo Guillermo Rivera, Eduardo "Gato" Alquinta y Mario Mutis, comienzan a descubrir la música como una forma de expresar su creatividad y permanente inquietud.



Es así como el 15 de agosto de 1963, bajo el nombre de The High & Bass, que aludía a las diferencias de estatura entre los hermanos Parra, Gato y Mario, realizan su primera presentación en el Teatro Municipal de Viña del Mar, interpretando, entre otros, el tema "Sueña", de Luis Dimas. La presentación resulta desastrosa y el público los reprueba fuertemente. Durante los siguientes seis años, y con su formación estable (Eduardo en piano, Claudio en acordéon, Gabriel en batería, Gato en guitarra y Mario en bajo y percusiones), la banda desarrolla su propuesta musical en fiestas y reuniones sociales viñamarinas, interpretando principalmente música tropical, cha cha cha, bossa nova y boleros, con buenos resultados.

Luego de estos años de prueba y aprendizaje, el grupo cuestiona fuertemente su quehacer, e influenciado por la reforma universitaria y los ideales americanistas, decide modificar su estilo musical, para pasar de meros intérpretes a creadores y dejar paso a la improvisación musical plena y la vanguardia.



Entre 1969 y 1971, y con su nombre ya castellanizado a "Los Jaivas", los conciertos del grupo se transforman en improvisaciones absolutas, sin libretos ni esquemas preparados, y con cada instrumento musical generando atmósferas propias, incluso con la ayuda del público asistente. La improvisación los conduce a la valoración de las raíces musicales latinoamericanas y a la exploración de sonidos de instrumentos ancestrales, que les permite combinar estilos aparentemente irreconciliables, pero que Los Jaivas deciden plasmar en su creación musical posterior.

Varios conciertos de esta época, incluidos los realizados en el Festival de Música de Vanguardia de Viña del Mar (enero de 1970), la Sala de la Reforma de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile (mayo de 1970), el Cine Arte de Viña del Mar (junio de 1970) y el Parque del Instituto Cultural de Las Condes (mayo de 1970), además de la banda sonora preparada para un film que jamás se realizó (¿Qué Hacer? de Raúl Ruiz, soundtrack grabado en octubre de 1970), se encuentran plasmados en la colección de cinco discos titulada La Vorágine, que documenta la etapa conocida como la Prehistoria de Los Jaivas.



La Vorágine es un conjunto de 5 CDs editados por el grupo de rock chileno Los Jaivas en el año 2004. Aunque es uno de sus últimos trabajos en fecha de edición, usualmente se le ubica en el comienzo de su discografía, puesto que la época de las grabaciones que aparecen en este set de cinco discos abarca desde 1969 hasta 1970, etapa previa a la grabación de su primer álbum de estudio, El Volantín, de 1971.


En los cinco discos de La Vorágine se vislumbran los distanciamientos tempranos entre The High & Bass, nombre antiguo de la agrupación, cuando ésta se dedicaba a interpretar cumbia, boleros y otros ritmos tropicales, y Los Jaivas, el colectivo que inventó un estilo musical característico de fusión entre rock progresivo y folclore latinoamericano como jamás se había visto.




Con grabaciones rescatadas de diferentes fuentes, guardadas celosamente por Claudio Parra, el administrador del archivo de la banda, y remasterizados con la tecnología del siglo XXI, La Vorágine no tuvo pretensiones comerciales, sino que intentó ilustrar una época que representó la búsqueda de un estilo definido para Los Jaivas, y que los llevó desde el blues hasta la identificación con su raíz latinoamericana, pasando por una etapa de improvisación descarnada.

Los discos, aunque conformaron un conjunto, se vendieron de manera separada. Cada uno contiene notas relacionadas con las pistas de cada CD, fotografías de la época, poemas manuscritos de Eduardo Parra y el arte gráfico de René Olivares.

La Vorágine I (1969-1971) Pan Negro

Pan Negro es uno de los nombres con los que el grupo pretende denominarse luego de dejar la denominación anglicista de The High & Bass. Con esta denominación pasan rápidamente a la libre experimentación en el género del blues, que exploran en esta primera producción, junto con David Fass, apodado "el gringo David" en la armónica, un integrante del grupo durante los últimos días de 1969 y los primeros de 1970. Su aporte es clave en la sonoridad de "Mañana Cuando Llegues", uno de los temas más cercanos al blues jamás grabado por Los Jaivas; y en la "Canción del Gancho", composición suya que el grupo interpretó hasta sus días de estadía en Argentina.

Las grabaciones de este disco ilustran esta etapa de acercamiento libre a la música de vanguardia, que se ve reflejado en el anecdótico track "Tocamos Música de Vanguardia, ¿Y Qué?", en donde Gato Alquinta, en medio de una brutal improvisación desarrollada por el grupo en el marco del Primer Festival de Música de Vanguardia, en la Quinta Vergara de Viña del Mar, se dedica a insultar a su audiencia, que, frenética, comienza a unirse al espectáculo con todo el ruido que le es posible. El dramático final del track y del disco llega con el corte de luz que las autoridades deben aplicar para terminar con el "ruido molesto".

1."Mañana Cuando Llegues" – 11:25
2. "¿Qué Esperas? Tanto Tiempo Sin Verte" – 11:31
3. "Te Amo Mujer" (David Fass) – 5:41
* Tracks 1, 2 y 3: grabados en noviembre de 1969 en el Aula Magna de la Escuela de Derecho de la U. de Chile, en Valparaíso, por la Radio Valentín Letelier
4. "Canción del 'Gancho'" – 5:12
* Grabado el 16 de agosto de 1973 en el Teatro Municipal de Viña del Mar, con equipos de la Radio Valentín Letelier de Valparaíso
* Arreglos: Los Jaivas
5. "Tocamos Música De Vanguardia, ¿Y Qué?" – 23:51
* Grabado el 24 de enero de 1970 en la Quinta Vergara de Viña del Mar, con equipos de la Radio Agricultura de Santiago
* Músicos invitados: Los Blops: Voces, Guitarra eléctrica, Flauta traversa, Percusiones
* Amigos anónimos: Flautas, Percusiones, Gritos y Otros


La Vorágine II (1969-1971) La Reforma

Éste corresponde a un concierto realizado por la banda el 11 de mayo de 1970 en la Sala de La Reforma (de ahí el título; hoy el lugar se llama Sala Isidora Zegers) de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile, en Santiago. Corresponde a la primera actuación del grupo con su nombre definitivo, nacido a partir de la creatividad de su amigo el pintor Diego Santa Cruz, quien transformó su antiguo nombre The High & Bass, castellanizándolo.

La música que contiene este CD (en el que no participa Mario Mutis, que no viajó desde Viña del Mar), presenta una improvisación libre en extremo, dejando las convenciones tradicionales de la música para pasar a la feroz interacción de instrumentos sin un hilo conductor ni una coordinación particular. Según lo señalan las notas, "optamos por una lire atonalidad que todo permite, tratando de evitar cualquier referencia a giros melódicos reconocibles. La armonía era la disonancia y la rítmica alcanzaba estados de primitivismo que nos permitían descubrir nuestra propia esencia". Así, en los créditos aparecen instrumentos como el "piano preparado" (tocado con los puños), el "plumavit" y el "tocadiscos", utilizados para reforzar la atonalidad.

1."La Vorágine" – 9:48
2. "Primitivo" – 18:49
3. "Se Arrancaron con los Tarros" – 17:10
4. "El Día Que Conocimos a Jano" – 13:49
* Este "Jano" es Alejandro Parra, que se unió a la improvisación tocando el órgano de Eduardo, iniciándose una amistad entre él y la banda que perduraría por casi cuarenta años.
5. "Encontrando de Todo" – 9:35

La Vorágine III (1969-1971) El Totem

Se titula así por una fotografía del folleto en la que los cinco integrantes de Los Jaivas emulan un tótem, situados uno sobre otro. Corresponde a un concierto grabado en junio de 1970 por alumnos de la Escuela de Cine de la Universidad de Valparaíso, durante un concierto realizado en el Cine Arte de Viña del Mar, en el marco de un ciclo de conciertos dominicales.

En las notas del disco se señala "posiblemente éste sea el más experimental de todos los conciertos realizados en ese momento. Aparte de todos los recursos ya conocidos en otras grabaciones [...], agregamos algunos sonidos pregrabados que lanzábamos desde una grabadora en el escenario y una radio, a la cual cambiábamos aleatoriamente el dial, sintonizando la estación que nos interesara en el momento."

1. "El Tótem" – 18:29
2. "La Verdad" / "Ahora Soy una Isla" – 24:32
* Gabriel Parra es la voz del monólogo en "La Verdad"
3. "Gente" – 4:03
4. "Un Domingo por la Mañana" – 15:27


La Vorágine IV (1969-1971) Mucha Inmensidad

El cuarto disco de la serie es un concierto realizado en el Parque del Instituto Cultural de Las Condes en mayo de 1970. Después de actuar en muchos espacios emergentes para la difusión de la cultura, la banda tiene la idea de hacer conciertos al aire libre, y éste que se encuentra registrado en esta grabación es uno de los ejemplos. Un "poeta anónimo" y sus versos de desgarro son la columna vertebral de esta serie musical. Cada cierto tiempo, la voz del poeta larga sus líneas, que hablan del abandono y el amor perdido: "esta hueá no puede ser", "eres tú en todo momento" o el grito definitivo de "¡mucha inmensidad!" finalmente titularon el cuarto volumen de la colección.

1. "Al Aire Libre" – 25:34
2. "Música a Pata Pelá" – 39:46
3. "Mucha Inmensidad" – 13:02


La Vorágine V (1969-1971) ¿Qué Hacer?

¿Qué Hacer? contiene la banda sonora perdida de Los Jaivas. Es el soundtrack de una película de Raúl Ruiz (para quien después harían la banda sonora de Palomita Blanca) que jamás se hizo. Paradójicamente titulada ¿Qué Hacer?, la película se iba a basar en los acontecimientos políticos de Chile en principios de 1970, e iba a ser producida por el mismo Raúl Ruiz y Saul Landau.

Este último, reconocido cineasta norteamericano, eligió como productor musical del proyecto al legendario Country Joe McDonald, integrante del grupo Country Joe & The Fish, con quienes había participado en el festival de Woodstock. Por su parte, Raúl Ruiz propuso a Los Jaivas como los creadores de los temas.

Gracias a este trabajo el grupo ingresa por primera vez a un estudio de grabación y conocen al ingeniero del estudio Frank Benko, quien más adelante trabajaría con ellos en sus propios proyectos. Éste asimila a la perfección la creatividad de la banda, aportando su talento en la elección de los efectos y la ubicación adecuada de cada instrumento respecto al plano sonoro, logrando así captar de la mejor manera y calidad posible las improvisaciones creadas in situ.
El disco se grabó en octubre de 1970 en el estudio Splendid de la RCA de Santiago.

  1. "Viva la Gente" – 5:11
  2. "Me Voy Pa'l Norte" – 5:38
  3. "Árboles y Agua" – 4:29
  4. "Neruda" – 22:30
  5. "Malambo Feo" – 5:44
  6. "Ankatu" – 3:27
    • Este tema se llama así por el hijo de Gato Alquinta, Ankatu, que luego de la muerte de Gato en 2003, tomaría su lugar en la guitarra.
  7. "Cuequita" – 3:14
    • Se considera que esta canción es el primer acercamiento de Los Jaivas a la cueca, ritmo tradicional de Chile.
  8. "Bajo Continuo" – 10:32
  9. "Tema del Rapto" – 5:41

martes, 25 de agosto de 2009

Tito Fernandez !

Tito Fernández dice que no sabe escribir ni cantar particularmente bien, y que el escenario ha sido "una suerte de tortura necesaria: gracias a él puedo vivir, porque no sé hacer otra cosa". Sin embargo, su modestia convive con logros únicos en el desarrollo de la música popular chilena, de entre los cuales la fama de canciones como "Me gusta el vino" y "La casa nueva" es el más fácil de reconocer.

"El Temucano" ha sido un cantor capaz de cruzar públicos y audiencias, incluso en los períodos más divisorios de nuestra historia social reciente, tomando de la tradición folclórica aquella esencia narrativa que explicó su original razón de ser. Las canciones de Fernández son historias para escuchar con atención, y si bien nunca han querido redundar en los tópicos amorosos de la

balada, transmiten un afecto entrañable por aquello que podríamos llamar nuestra identidad: el paisaje, la familia, la charla entre amigos, los brindis.


Eran las señas más románticas de la vida de cantor las que eligió perseguir Humberto Asdrúbal Waldemar Baeza Fernández cuando se largó de Temuco a mediados de los años '60 para un período de vida itinerante que a duras penas le permitió sostener a su esposa e hija. Dejaba atrás la vida tranquila de una infancia en el campo y estudios en el Liceo de Hombres de Temuco, luego de un período de preparación en la Escuela de Especialidades de la Fuerza Aérea. Había ganado sus primeros salarios en oficios esporádicos, incluyendo un período como telefonista del Club Temuco y otro como obrero de la empresa Loncoleche. En paralelo, fue mostrando sus
primeras canciones en radios sureñas, aunque sin estímulos concretos como para ilusionarse con una trayectoria de largo plazo.

Apenas llegó a Santiago, emprendió su primer esfuerzo profesional junto a Víctor Villarreal, un cantante con quien comenzó a recorrer las boites y clubes nocturnos del norte de Chile y el sur de Perú, bajo el nombre Los Hermanos de Alta. Boleros, guarachas y canciones del neofolclor chileno nutrían ese primer repertorio. Su siguiente socio artístico fue Renato Zuñiga, con quien recorrió Bolivia a partir de 1967. Era el tiempo de la guerrilla y de la lucha que terminó con la vida del Che Guevara, y en medio de toda esa tensión el cantante chileno fue apresado en La Paz por orden del gobierno. Obtuvo su liberación recién cuando a la misma cárcel llegó el afamado filósofo francés Régis Debray, con toda una cobertura periodística internacional que les hizo ver a las autoridades bolivianas la conveniencia de ahorrarse problemas y dejar ir cuanto antes a los
extranjeros condenados.

Pese a este peregrinaje, Baeza Fernández no quería aún imaginarse como un músico de profesión. Por ello, hasta 1969 fue alternando trabajos de cantor y profesor de castellano en Antofagasta, Santiago, Concepción y Temuco. Poco a poco, iba afinando sus coplas, inspiradas sobre todo en el folclorista argentino Atahualpa Yupanqui. Algunas de ellas llegaron a las manos de Pablo Neruda, quien "dijo que mi poesía era muy buena y que yo estaba destinado a ser un cantor importante", recordaría luego con orgullo.

Recién en 1971, un encuentro con Angel Parra en Valdivia le ayudó a tomar valor y olvidarse de su vida de profesor. El hijo de Violeta aplaudió sus composiciones, y lo invitó a mudarse a Santiago para que trabajasen juntos un primer disco para su sello (Peña de los Parra). Así, Fernández viajó a la capital junto a su familia y grabó rápidamente un primer LP con diez composiciones suyas y la producción de Angel Parra, su padrino artístico durante ese período de debutante.

El éxito de los temas "El ajuerino", "Hace unos días fui a Santiago" y "El atrinque" reportó ventas inesperadas para El Temucano, el título de ese debut y el apodo que Tito Fernández comenzó a recibir entre su público. Para el popular espacio radial "Chile ríe y canta", el cantor fue la Revelación del Año 1971. Las radios de la época se encantaron con esas canciones de observaciones cercanas pero rara vez puestas en versos (como la reprimenda de un padre a su hijo en "El atrinque" o la ironía insidiosa de "Ayer conocí a un senador"), narradas con un humor sencillo y una nostalgia asociable a la vida de los más pobres.

El disco interesó incluso en el extranjero y permitió un primer viaje de Fernández a Venezuela, en 1972. Poco antes, un segundo álbum del mismo nombre confirmó las virtudes descritas. Además de "La señora Mercedes" y "La madre del cordero", El Temucano incluyó allí "La casa nueva", conmovedora mezcla de canto y recitado en el que una pareja mayor renueva sus votos amorosos. El tema es hasta hoy uno de los más populares de su repertorio (y, de hecho, con sus ventas el autor pudo financiar su primera casa propia).

Fernández se convirtió en el artista más vendedor de DICAP, la casa grabadora que entonces administraba el Partido Comunista. Pese a su ascenso como una versión atípica de "ídolo juvenil" —con jóvenes imitando su bigote y abrigo, y el título de "artista más popular" de 1972 otorgado por la revista Ramona—, nadie ponía en duda su militancia política, la de un cantautor que se enorgullecía de haber sido el primer "hombre del pueblo" en cantar sobre el escenario del teatro Municipal y de inspirar muchas de sus composiciones en los esfuerzos de los obreros.

Por ello, el Golpe de Estado de 1973 truncó de modo sustancial su ascenso artístico, aunque no con la brutalidad que afectó a compañeros suyos de generación, como Víctor Jara, Patricio Manns o el propio Ángel Parra. Diez días después del asalto militar a La Moneda, Fernández fue arrestado por cargos absurdos (como "porte de armas") y llevado a la Escuela de Especialidades de la Fuerza Aérea; por una mala broma del destino, la misma por la que había pasado en 1958 como alumno destacado. "Las pasé feas", ha dicho el músico, sin especificar nunca por qué. Fernández fue liberado a los pocos días con un certificado que lo obligaba a "dedicarse exclusivamente a su trabajo". Muchos de sus captores, ha contado después, eran fanáticos suyos.

Bajo el toque de queda impuesto por los militares, Tito Fernández se convirtió en un caso excepcional de sobrevivencia artística. Pese a sus innegables vínculos con la generación más combativa de la Nueva Canción Chilena (para entonces condenada al exilio, y hasta al asesinato en algunos casos), El Temucano pudo vivir con relativa normalidad entre los recovecos mínimos de expresión que se permitían entonces a los músicos.

El cantante mantuvo una discografía activa, conciertos en Chile y el extranjero y apariciones frecuentes en televisión. Nadie que lo haya visto en "Sábados Gigantes" o "Chilenazo" podría haber descrito entonces a Fernández como un músico proscrito. Se trataba de una situación agridulce, beneficiosa para su propia actividad pero fuertemente recelada por el resto de músicos perseguidos por la dictadura. Muchos años después, esto tuvo que decir Fernández al respecto (en "Wikén", de El Mercurio): "Hubo una suerte de utilización [oficialista] por el hecho de dejarme cantar. Pero yo también hice una suerte de utilización, porque logré mantener el canto. Era más cómodo irse, pero las cosas se ganan con esfuerzo, y yo tenía razón: al final, salí ganando, porque el gobierno militar no existe, y yo sí".

Sus discos de entonces mantuvieron su marca autoral y alcanzaron en Me gusta el vino una nueva cumbre de popularidad (gracias a la famosa canción del mismo nombre, compuesta originalmente por encargo y para Antonio Prieto). Grabó también algunos álbumes a dúo, principalmente con Patty Chávez (Somos Tito Fernández y Patty Chávez), aunque también con Verónica Baeza, Lu Rivera, Carlos Vásquez, el Trío Inspiración y Los Diamantes del Sol. En todos ellos, el músico se fue ampliando hacia un repertorio de boleros, cuecas —es suya una famosa "Cueca larga", por ejemplo— y folclor latinoamericano.

Fue éste un período de numerosos viajes al extranjero, plasmados en discos tan significativos como Tito Fernández en el Olympia de París. En general, su música ha sido difundida sin problemas en sectores de Europa, Estados Unidos y Australia. Los años '80 marcaron, además, un período de trabajo en composiciones por encargo que incluye canciones popularizadas luego por chilenos como Marcelo, Patricio Renán, Patricia Maldonado y Ginette Acevedo (antes, ya Los Ángeles Negros habían grabado su "A ti", y Lucho Barrios hecho lo propio con "Mamá mujer").

De 1990 en adelante, la carrera de Tito Fernández se revitalizó gracias a su decisión de participar de festivales y acercarse más profundamente al mundo radial. Tras los debidos años de estudio, obtuvo el título de locutor profesional en 1996 y se hizo cargo al año siguiente en radio Nacional de dos espacios propios ("Lo Nacional en la Nacional" y "Boleros, con Tito Fernández").

En 1997 ganó el primer lugar de la categoría folclórica del Festival de Viña (con "Cartagena", una canción de Claudio Guzmán), lo cual avivó una buena relación con ese escenario que se repitió luego con aplaudidas presentaciones en los años 2001, 2002 y 2004. En una de esas versiones, el chileno protagonizó una sonada polémica con Ana Gabriel por la grabación que hizo la cantante mexicana de la letra de su tema "El cigarrillo" sin el debido crédito (el asunto terminó dirimiéndose judicialmente y tras una larga guerra de declaraciones por los diarios).


Fernández ha sido, también, presencia regular en el Festival del Huaso de Olmué. Además de gaviotas de plata, sus trofeos incluyen los premios Altazor y Presidente de la República, así como las medallas de la SCD y la UNESCO. La celebración de sus cuarenta años de carrera fue coronada con un gran concierto el 16 de septiembre del 2000 en el Estadio Chile (actual Víctor Jara) y con Cuarenta años del cantor popular (2000), una antología súperventas que incluye un tema inédito ("A defender la casa", del argentino Julio Azzaroni) y la presencia constante de su guitarrista más fiel, el ya fallecido Roberto Parra (sin relación con el autor de La negra Ester). Su más reciente disco es Nuestra Navidad chilena (2005), en el que se combinan tres canciones ya antes editadas con siete nuevas composiciones, centradas todas ellas en el sentimiento navideño.

En sus más de cuatro décadas de trabajo, Fernández ha sido un cantor popular firme en unos pocos y reconocibles recursos. Tal como le decía en 1972 a Ricardo García: "Creo que estoy haciendo lo que quiero, sin necesidad de caer en el juego comercial. Me defiendo y quiero solamente ser Tito Fernández. Con mayúsculas o minúsculas, pero Tito Fernández".

El cantautor mantiene un desarrollado interés por asuntos astrológicos, y fue el creador y fundador de un "Centro Integral de Estudios Metafísicos". Ha escrito y editado cinco libros: uno de contenido autobiográfico (Páginas de mi diario, 1988) y otros de conocimiento personal (El mensaje inicial, El mensaje de Sirio, El mensaje terrestre y Q, la isla de los brujos). Además, y como parte de la colección "Nuestros músicos", la SCD editó una selección de sus composiciones en el libro Antología poética (2003).

También resulta muy interesante destacar la labor de este artista en todo lo que significa el área de la cultura y defensa de nuestras raíces lo que, unido a innumerables distinciones, le mereció un Homenaje del Honorable Congreso Nacional (19 de Junio de 1996) convirtiéndose, así, en el primer artista nacional que recibe tan alta distinción y tan significativo reconocimiento.


martes, 18 de agosto de 2009

Violeta Parra !



DE REGRESO! desde el mismito infierno.

Eh destinado este ultimo tiempo a abusar mi cuerpo, metiendole cualquier sustancia que caia en mis manos. Pero eso ya se acabo, bueno hasta las proximas vacaciones.

A exactamente un mes del DIECIOCHO me eh predestinado subir material acorde a la situacion, y que mejor que comenzar este recuento con la mejor interprete femenina que hemos tenido el honor de presenciar en este pais tan penca como el nuestro, ni mas ni menos la bella doncella Violeta Parra.

Nacida el 4 de octubre de 1917 en la ciudad de San Carlos, VIII región, hija de un profesor primario y de música, Nicanor Parra Parra y de una autentica campesina, clarisa Sandoval Navarrete. Violeta Parra desde los doce años comenzó a escribir sus primeros versos que reflejan una infancia difícil junto a sus nueve hermanos, quienes con campechana humildad, muy pronto también destacarían de diversa forma en variadas disciplinas del arte popular y docto.



Temprano debe abandonar sus estudios para trabajar en el campo y ayudar así a sus padres, su afición por la música le viene por ambas vertientes, pero sus primeros contactos con la guitarra los tiene de su madre que le cantaba hermosas melodías campesinas mientras ejercía su oficio de costurera. El repertorio de don Nicanor lo constituían valses, habaneras y cantos de salón de fino corte romántico, características expresiones urbanas de fines de siglo.

En la esencia de sus creaciones se advierte la manifestación de un universo intimo exuberante en vivencias de profundo contenido humano donde la sensibilidad por los problemas sociales que marcaban su entorno en aquellos años resulta ser un verdadero espejo para reflejar su existencia marcada por la tristeza, frustraciones e infelicidad.



Su hermano Nicanor que estudiaba y trabajaba en Santiago y que debió asumir la responsabilidad de guiar, educar y alimentar la larga familia, llama un día a Violeta a la capital con el propósito de encauzar su educacion formal.

Errante y obviando los consejos de su hermano y con el propósito de obtener sus ingresos, se dedica al canto en la nocturna farándula de los arrabales santiaguinos, donde enriquece su conciencia al ver tanta bajeza humana. En 1937 conoce a Luis Cereceda, empleado ferroviario, con quien contrae matrimonio y de donde nacen sus dos primeros hijos, Isabel y Angel. Esta unión se mantiene en forma precaria hasta 1948, año en que definitivamente se separan y continúa su tarea de recoleccionar canciones antiguas de Chile. Al año siguiente vuelve a casarse con el tapicero Luis Arce. Nace sus hijas Carmen Luisa y Rosita Clara que fallecería al poco tiempo.



Con criolla humildad, y estoicismo continuó derramando su creatividad en Circos, Bares, y Quintas de Recreo, aumentando su bagaje de vivencias sociales de un mundo que en sordina ya encontraba deleite en su canto, aún cuando su voz fuera un solitario dedo acusador surgiendo desde las tinieblas nocturnas en busca de la luz.

La década de los años cincuenta la sorprende realizando labores de recopilación en diversos barrios de Santiago y a lo largo de todo el país. Gracias a su trabajo, en Puente Alto se reúne con poetas populares como Isaias Angulo, Gabriel Soto, Agustín Rebolledo, Emilio Lobos y Antonio Suarez. En Barrancas conoce a Guillermo Reyes y Rosa Lorca… Berta Gajardo en Maule, Mercedes Guzmán, en San Bernardo, Lastenia Cortés en Curacavi, Eduviges Candia en San Carlos y Francisca Martínez en Rosario. Todos de larga sabiduría que le enseñan antiguos repertorios de una música que ya comenzaba a perderse o desvirtuarse.

Su Hermano Nicanor fue decisivo en su vida artística, puesto que fue quien la estimulo a asumir con personalidad propia la defensa de la autentica música chilena. Hasta entonces y por conveniencia, su repertorio variaba entre valses peruanos, corridos mejicanos, boleros, cuecas y cantos españoles. Se dedicaba con pasión a la música chilena y entre sus primeras iniciativas procura divulgar el uso del poco conocido guitarrón.



Los poetas y los talentos se juntan. A raíz de un recital realizado en 1953 en casa de Pablo Neruda se ponen en relieve sus capacidades y se reconoce su arte a través de la Radio Chilena. Comienzan entonces a salir de los oscuros salones de las Quintas de Recreo para iniciar una serie de giras y presentaciones en todo el país.
Si como recopiladora tuvo la importante visión de recuperar para el patrimonio músico popular una enorme gama de expresiones ya casi olvidadas, generando al mismo tiempo un valioso movimiento en todo el país que se dedica a emularla, es especialmente brillante en su labor como compositora abarcando las más variadas expresiones. Pero donde destacó en forma especial fue en la décima, de la que se constituyo como una de las más agudas improvisadoras a lo humano y lo divino, con derroche de su talento irónico pasional para denunciar en verso los desvaríos sociales entonces.

En 1954 obtiene el premio Caupolican, concedido a la folklorista del año, que la lleva luego al festival de la juventud en Polonia. Peregrina por varios países con agudas dificultades e incomprensiones, para fijar luego residencia en Francia que se resiste a su guitarra con el canto de luces y sombras de Latinoamérica.

Después de largos y sacrificados esfuerzos consigue vencer la natural apatía francesa que la escucha, la aprueba y la aplaude, grabando allí sus primeros discos con un éxito jamás logrado por chileno alguno.

Regresa a Santiago en 1958 inspirada y renovada y tratando de reponerse a la cruel y triste noticia de la muerte de su hija menor, comienza a pintar y crear tapices. Ofrece recitales en todo el país y graba nuevos discos. Conoce al músico Suizo Gilbert Favre, estudioso del folklore Sudamericano, de quien se enamora apasionadamente. Los primeros programas folklóricos realizados en Chile para la televisión que comenzaba ya su rápido camino, los realizó Violeta con sus hijos mayores Isabel y Angel que en 1960 ya tomaban alturas propias.




Los años 60 son críticos y decisivos. En Europa irrumpen múltiples convulsiones estudiantiles y sociales, a las que no escapa Latinoamérica. Su canto se rodea de compromiso contra la injusticia social que la rodea y a las duras vivencias de las que han sido testigo a lo largo de su existencia.
Violeta se adelanta a su época y con su guitarra denuncia y condena. Su forma de canto es una cantera desde donde empieza a quedar atrás la temática paisajista que hasta entonces nuestro folklore tenía. Se empiezan a decir coas, la gente joven comienza a identificarse y a atreverse a contar y cantar sus vivencias y anhelos, Surgen las voces de Patricio Manns y Víctor Jara. Fue la precursora que impulsó a muchos artistas a crear conciencia en nuestros propios valores y sus canciones son obras que van más allá del tiempo y las fronteras.

En 1961 vuelve a viajar a Europa recorriéndola casi completa, participando en el Festival de la Juventud de Finlandia, graba nuevos discos y realiza
Exposiciones y recitales para la UNESCO. A su calidad de músico y poeta une la pintura, los tejidos, tapicería y cerámica de virtuosa originalidad, exponiendo con esperanzado sentimiento su genio y talento en Argentina, Rusia, Finlandia, Alemania, Italia y Francia.

En 1964 el Museo del Louvre, se abre por primera vez para una artista latinoamericana y para sus escultoras de alambre, pinturas, tejidos y arpilleras en las que demuestra que de la tradición era posible extraer un material de trabajo más. Su vida y la expresión de su canto es comparable sólo con Edith Piaf, el recordado gorrión parisino, con la que se puede hacer un paralelo artístico y emocional.



En 1965 está de regreso en Chile e instala en La Reina una gran carpa, que pretende convertir en un centro de cultura folklórica junto a sus hijos Isabel y Angel, a quienes se unen Patricio Manns, Rolando Alarcón y Víctor Jara. Refugio de sueños inconclusos desde durante largo tiempo esperó acercar su mensaje a los chilenos, un mensaje lleno de sensibilidad Universal que hoy la eleva como la artista chilena de raigambre popular mejor reconocida internacionalmente, genuina representante de nuestro folklore y fuente de inspiración permanente para generaciones de músicos populares.

En 1966 emprende viaje a Bolivia, donde canta con Gilbert Favre, regresando juntos al poco tiempo. Compone sus últimas canciones que graba en un long-play con sus hijos y el músico uruguayo Alberto Zapicán.
A los cincuenta años, el 5 de febrero de 1967, incomprendida por el público chileno e incapaz de resolver sus problemas afectivos que la atormentaron toda una vida, de un disparo pone fin a su existencia en la Carpa de la Reina.

Su vida y su obra están libres de contradicciones, habiendo nacido pobre, los amó junto a su tierra y ese amor lo puso en versos que aún vibran en las cuerdas de su guitarra, Nació campesina y sufrió de privaciones sin jamás ocultarlo y nunca hizo uso de un escenario pensando en las luces de un show con ausencia de valores de raza ni de pueblo ni en la inspiración

De su canto existen ideas falsificadas, sino duras vivencias con las que coexistió de por vida.



La Jardinera Y Su Canto (EMI, 1997)



1. La jardinera - tonada (V. Parra)
2. Parabienes al revés (V. Parra)
3. El chuico y la damajuana - refalosa (V. Parra
4. Por la mañanita - tonada (V. Parra
5. El hijo arrepentido - tonada (N. Parra/V. Parra
6. Por pasármelo tomando - Cueca recortada (V. Parra
7. La inhumana (V. Parra
8. Casamiento de negros - parabién (V. Parra
9. A la una - Cueca larga (V. Parra)
10. Amigos tengo por cientos - refalosa (V. Parra)
11. Veintiuno son los dolores - canción golpeadita (V. Parra)
12. Verso por la niña muerta (V. Parra)
13. La muerte con anteojos - a lo humano (V. Parra)
14. Pto. Montt está temblando - contrapunto (V. Parra)
15. Pedro Urdemales - Cueca (V. Parra)
16. Verso por despedida a Gabriela (V. Parra)
17. Escúchame, pequeño (V. Parra)
18. El diablo en el paraiso (V. Parra)
19. Qué dirá el Santo Padre (V. Parra)
20. Y arriba quemando el sol (V. Parra)
21. Verso por desengaño - a lo humano (V. Parra)
22. Cueca larga de los meneses (N. Parra/V. Parra)
23. Defensa de Violeta Parra (Autor e interprete, Nicanor Parra; en guitarra, Violeta Parra)